Chile se encuentra en una coyuntura especial de definición de los lineamientos del sistema y en este marco, surge la interrogante sobre la definición del espacio escolar como fuente básica del proceso de enseñanza y aprendizaje. Así el objetivo del presente escrito es presentar reflexivamente las posiciones sobre la construcción de la realidad por parte de dos autores que poseen visiones distintas de la concepción de la realidad. Por una parte Cornelius Castoriadis, quien manifiesta en términos generales que la realidad es una construcción constante y compleja; y por otro lado John Searle, plantea que la realidad si bien es construida, esta precede a los fenómenos sociales.

En definitiva presentar la definición de la institución escolar como un espacio socialmente construido y por lo tanto en constante cambio, o bien como un espacio real externo compuesto de diversas condiciones que lo hacen poseer ciertas características en un momento y contexto dado.

En este sentido, se invita al lector que se haga parte de esta discusión, generando un punto de vista crítico de las posiciones vertidas en el presente trabajo.

En este sentido, se intentará definir si esta conceptualización se integra en un espacio de realidad, o bien es parte del campo social compuesto por el imaginario social.

Uno de los primeros aspectos abordados por ambos autores es la configuración del Ser. Castoriadis afirma en este orden la imposibilidad de enmarcarlo conceptualmente, debido a que éste no corresponde a un desarrollo de sistemas, lo representa como un abismo irregular. Donde, dicho Ser se enmarca, en, y a través del tiempo, indefinible en una dimensión de espacio temporal cerrado. En este sentido, otra característica del ser y el tiempo es que puede definirse como creación, sin tomar ésta por una relación causal, sino que debe ser tomada como una construcción contante de ontología.

El punto de vista de Searle, se opone a la concepción anteriormente presentada, exponiendo que se presentan rasgos en el mundo que existen independiente de las representaciones. Así como también que existen otros rasgos que presentan la intencionalidad de los observadores. Lo que cabe destacar de esta concepción destaca la presencia de rasgos intrínsecos de la realidad, referidos a la composición de los objetos, ejemplificados en su masa y composición química.

En este marco, cabe analizar la figura de la organización escolar, siendo válida la pregunta si es que, ¿es ésta una organización en constante construcción, o bien posee rasgos que pertenecen al mundo de lo existente, ajeno a la percepción humana y otros que están en relación con los agentes?

Si pensamos a la escuela desde el imaginario social, podemos argumentar en cuanto a que ella se enmarca en un contexto de relaciones humanas, donde se configura como un espacio social de construcción histórica, y por lo tanto desarrollada como institución, ya que en su espacio se construyen normas, valores, lenguajes, instrumentos, procedimientos  y métodos, los cuales se transforman en prácticas compartidas dentro de la organización.

Por su parte, a través de una visión ontológica científica, se destaca la capacidad de los humanos para no percibir los objetos a través de sus hechos brutos, en cuanto a su composición material, molecular o química, sino que mediante la asignación de función en las cosas. En este marco, se acerca a la visión anterior en donde dicha asignación de función es intrínseca del ser humano en sociedad de acuerdo a un sistema de valores. De esta manera, vinculando el análisis con la organización escolar, podemos manifestar que ella tiene la función de formar a los estudiantes en torno a un sistema de valores a través de la entrega de contenidos curriculares.

Ahora bien, teniendo en cuenta esa máxima que las funciones son parte de un desarrollo social, existe una diferencia fundamental con la posición de Castoriadis, al manifestar, que si son funciones, están relacionadas con la causalidad, en el sentido de que A (la Escuela), tiene como función B (formar), si se acepta aquello, la estructuración de función compete a la creación de un sistema definido generalmente por propósitos, objetivos y valores, independiente que ellas tengan éxito o no.

Analizando, referente a éste punto sobre ambas posiciones sobre la organización escolar, claramente ella está definida social e históricamente, y por lo tanto es un concepto compuesto, y no estructurable en base a sólo sus compuestos químicos y de masa, sino que es parte de una representación que responde a un periodo de tiempo y una coyuntura particular, y especialmente responde a esta estructura, por deber su existencia especialmente a las relaciones humanas. Ahora bien, es posible abordar a la institución escolar como un sistema, compuesto por subsistemas, propósitos, objetivos y valores.

De esta manera, la “Escuela” estaría dentro de éste leguaje público, y por lo tanto no estaría dentro del ámbito epistémico, es decir, no depende de la relación que tenga el sujeto con su objeto, es ontológicamente accesible y por lo tanto el concepto de escuela sería una realidad independiente de la representación.

Ahora bien, es innegable la construcción social del concepto escuela en su devenir social e histórico, y no es negable que la escuela tiene como característica ser una red de relaciones y un sistema social abierto, en construcción constante. Sin embargo, no es posible negar que bajo de esta realidad socialmente construida, se encuentra una realidad bruta compuesta por éste lenguaje público que nos permite su identificación.

Autor: Prasutagus