Lo que muchos cientistas políticos, columnistas, comentaristas especializados, encuestas y distintos medios de comunicación pronosticaron sin mucho éxito sobre los resultados de la primera vuelta electoral, permitió a chilenos y chilenas, ser testigos privilegiados del fin del paradigma binario que reinó el país los últimos casi 30 años y la irrupción de nuevas fuerzas y figuras en la política nacional. Por ello, los resultados de este próximo domingo 17 de diciembre son inciertos y se vaticinan estrechos números para quien alcance la primera magistratura del país los próximos 4 años.

Por otra parte, los resultados de las elecciones pasadas también dieron cuenta de las agotadas lecturas  de siglo XX en la interpretación del primer cuarto del siglo XXI, evidenciando con ello no solo el déficit para la comprensión de las demandas y urgentes transformaciones sociales, sino que además, dejaron al desnudo los espacios de confort de ciertos grupos, actuando de consenso y a favor de ciertas prácticas en materias políticas, valóricas, económicas, productivas, educación, derechos, culturales, etc., quienes deberán realizar profundas autocriticas y reflexiones sobre el Chile actual, de cara a una sociedad que espera alcanzar al 2050 su anhelado desarrollo.

Una sociedad global que enfrenta rápidas, profundas y cada vez menos predecibles transformaciones en todos los ámbitos del quehacer humano, no puede y no debe dejar impávidos a quienes somos parte constitutiva de Chile, y a quienes pretenden guiar los destinos del país hacia la mitad de este siglo XXI.

La elección del próximo 17 de diciembre pone al país en una disyuntiva de futuro con mirada de mediano y largo plazo, el de un país que busca su independencia de los vaivenes especulativos de sus commodities y potenciar la generación de procesos productivos asociados a estos bienes, para ingresar con nuestras riquezas y conocimiento al mercado global, con la competitividad siempre esperada.

Litio, cobre, cobalto, manganeso, industria alimentaria agrícola y pesquera, agua, son algunos de los componentes esenciales que hoy se debaten y están en juego para el futuro de Chile y la región, recursos que sin duda redundan, de existir una buena gestión, en beneficio de un mejor sistema de educación, salud, empleo, pensiones, infraestructura, etc. La definición, por tanto, es el inicio de la construcción de sólidas bases que den respuesta a lo que el país demanda y se merece para este Siglo XXI, o continuar con un arrastre histórico de embalaje de miles de millones en toneladas de productos brutos que luego serán convertidas, fuera de nuestra fronteras, en tecnología y desarrollo en beneficio de otros países, en desmedro de nuestros propios intereses y necesidades como sociedad.

En este contexto, la Gran Logia Mixta a partir de sus principios y los valores que la guían, hace un llamado a todos los ciudadanos a participar y dar cumplimiento al derecho inalienable de elegir o ser elegido para el fortalecimiento de la vida democrática y sana convivencia de nuestra sociedad. Tal como ayer, donde nuestra Orden promovió el derecho de la mujer, el Estado laico, las libertades civiles, la educación, las relaciones equitativas, la justicia y los derechos sociales, hoy asumimos nuestro derecho a pronunciarnos y hacer nuevamente un llamado a cumplir con los derechos y deberes ciudadanos, el pronunciamiento en las urnas.

Desde que se implantó en Chile el voto voluntario, el nivel de abstención para las elecciones presidenciales llegó a un 51%. Es decir, a más de 7 millones de ciudadanos chilenos les fue indiferente el proceso del día 19 de noviembre y no concurrieron a votar.

En el transcurso de la vida, siempre y todos, estaremos en innumerables ocasiones en la encrucijada de tener que decidir entre 2 o más opciones y eso desde el primer día de existencia. O espero que mi madre adivine que tengo hambre o me pongo a llorar para que ella se dé cuenta que quiero leche.  Desde esa básica decisión, y hasta el día de la muerte, hay millones de decisiones que en cierta medida definen quien soy como individuo.

En el caso puntual de las próximas elecciones, ¿puedo decir con absoluta seguridad que me es indiferente quien sea elegido?   Puede que no me guste ninguno de los dos. Es cierto, pero no da lo mismo quien sea elegido. Porque ambos, con sus errores y aciertos, representan visiones distintas de la sociedad que yo quisiera para mí, o para mis hijos.

Yo puedo elegir entre quedarme en cama o ser parte integrante de ese futuro. Mal que mal la encrucijada en que estoy ahora dependió de otra decisión que tomé ayer, cuando escogí no involucrarme. Entonces, cuando me abstuve de participar, le entregué a otros el único poder que tengo para decidir el futuro de mi país: mi voto.

Entonces, es preciso responder esta pregunta: ¿seguiré dejando que otros decidan por mí? o asumiré el papel que me corresponde en la sociedad, aportando con mi voto y mis ideas para que unido con otros votos pueda, finalmente, provocar el cambio necesario para que ese país que he soñado se pueda concretar.

S:.G:.M:. Waldo López Belmar

Gran Logia Mixta de Chile

Diciembre del año 2017.