¿Chile es un Estado Laico?

En el marco de la carta pública enviada al Presidente de la República, al Presidente del Senado y a la Asamblea Nacional de Francia por el Gran Oriente del país Galo, en el contexto de la celebración del nuevo aniversario de promulgación de la Ley de Separación entre la Iglesia y el Estado de ese país, un 9 de diciembre del año 1905, 112 años atrás, esta Obediencia Masónica expresa entre otras materias que:

La presente Ley es sin duda de Libertad y fiel a los principios filosóficos fundadores de la Ilustración, ya que define en su Artículo Primero que “La República asegura la libertad de conciencia y garantiza el ejercicio de cultos» y en Artículo Segundo expresa que “la República no reconoce, y no subsidia de manera alguna ninguna religión”, lo que posibilita la concordia y la paz civil, y establece de manera explícita la distinción entre lo privado y lo público, otorgando con ello, a todos los ciudadanos los mismos derechos, cualesquiera que sean sus opciones espirituales, sus orígenes, sus culturas o sus sexos, y que además, sólo su aplicación desde las primeras edades escolares permite a cada ciudadano, por la adquisición del saber y la elaboración de su propio pensamiento, acceder a una emancipación intelectual y política.

No obstante, el Gran Oriente de Francia, en la misma declaración, observa con preocupación el que “la verdadera piedra angular de la República hoy se ve abiertamente cuestionada más allá de los círculos habituales de sus detractores tradicionales”, visibilizándose el surgimiento de intolerancias y dogmatismos, portadores de fermentos de división y conflicto, teniendo un solo y peligroso propósito, el hacer retroceder este gran avance de la República.

En un paralelismo, el país no está ajeno a este debate. Chile que se fundía, hasta entrado el siglo XIX, en las relaciones entre Estado e Iglesia, ambas expresiones de una misma sociedad católica, obediente de Dios y del Rey, bajo una vieja visión medieval se va modificando con las ideas emancipadoras de la Independencia y de la Ilustración, y que finalmente estalla violentamente por parte de la Iglesia Católica contra una de las expresiones más progresistas de la época, el ensayo la “Sociabilidad Chilena” de Francisco Bilbao en el año 1844, dando inicio a un debate más frontal y abierto sobre esta materia en la sociedad, promulgándose casi 40 años más tarde, bajo el mandato del Presidente Domingo Santa María, las llamadas leyes laicas; de cementerio, de matrimonio civil y registro civil, y posteriormente ingresar al siglo XX promulgándose una tibia Ley de separación del Estado e Iglesia en el año 1925, que en su Artículo 10 manifiesta: “La Constitución asegura a todos los habitantes de la República: La manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público, pudiendo, por tanto, las respectivas confesiones religiosas erigir y conservar templos y sus dependencias con las condiciones de seguridad e higiene fijadas por la leyes y ordenanzas”, pero que entre otras garantías para la Iglesia, adquiere exención tributaria y el pago de una fuerte indemnización por parte del Estado.

Esta iniciativa que debe enfrentar una férrea oposición de los sectores más conservadores del país y de la Iglesia Católica, y que se trasforma en un verdadero baluarte de la República desde principios del siglo XX, llega a su fin luego que se dictara la antidemocrática Constitución de 1980, la que no expresa de manera alguna o forma explícita un Estado Laico, trayendo a la memoria la célebre frase: “El Estado se separa en Chile de la Iglesia; pero la Iglesia no se separará del Estado y permanecerá pronta a servirlo; a atender el bien del pueblo; a procurar el orden social, a acudir en ayuda de todos…”

Avanzando en este nuevo siglo XXI, y en virtud de las profundas reflexiones que la sociedad civil organizada a través de sus partidos políticos, organizaciones gremiales, sindicales, sociales, etc., y dentro de los contextos de los avances de profundización de la democracia, el pluralismo, la participación y representación de todos los sectores de la sociedad chilena, es sin duda relevante que ya sea, una Reforma o una nueva Constitución, se declare con claridad que: “La República de Chile es un Estado Laico y Democrático”.

Si bien la religión es un derecho válido que debe consagrarse como una opción personal de los chilenos y chilenas, y que su práctica debe ser garantizada en el ámbito privado, en sus respectivos templos o sedes, esta Ley debe posibilitar el dar garantías a todos los credos, sin desmedro de unos con otros, de una reglamentación de iguales, sin discriminación y privilegios económicos, de subsidios tributarios y/o económicos, como de participación de los bienes públicos.

Entrados ya al siglo XXI, de las llamadas sociedades modernas, se hace necesario una Ley que garantice a todos los chilenos y chilenas, desde su edad más temprana una educación pluralista, con respeto a la diversidad, igualitaria y fraterna, y que en el uso de sus espacios públicos se observe de manera rigurosa las prácticas de un Estado Laico.

G:.M:. Waldo López Belmar

Gran Logia Mixta de Chile

Diciembre del año 2017.