En las afueras de Paris, hace no más de dos semanas atrás, se dieron cita un centenar de jefes de Estado, de Gobierno, autoridades medioambientales, dirigentes políticos, del mundo empresarial, centros de investigación y ONG del planeta a fin de dar continuidad a la batalla contra el cambio climático, en contra de las prácticas contaminantes.

El anfitrión de este importante evento mundial, el presidente de Francia Emmanuel Macron se alzó como líder de esta cumbre, ya que ningún otro país siguió el camino que impulso Trump al retirarse hace algunos meses atrás del Acuerdo de París, dejando en evidencia su total soledad en estas materias.

Pero esta cita mundial, más allá de la autocomplacencia, Macron dio cuenta que se está perdiendo la batalla contra el calentamiento global, y que el peso de la evidencia y pruebas científicas sobre el calentamiento se acumulan, por ello el Jefe del Estado Galo llamó a sus pares y a la comunidad financiera internacional a generar más esfuerzos y mayor inversión, siendo escuchado con especial atención por Bill Gates, Michael Bloomberg o Richard Branson, y líderes locales como los gobernadores de California, Jerry Brown, o el de Colorado, John Hickenlooper.

Del mismo modo, Jim Yong Kim presidente del Banco Mundial, quién junto al Gobierno Francés y la ONU, son responsables de organizar la cumbre, declaro “Aquí necesitamos algo igualmente histórico, y la única manera de hacerlo es lograr que los inversores y los financieros entiendan que al mismo tiempo pueden ganar dinero y hacer algo poderoso para el mundo invirtiendo en proyectos de adaptación y mitigación del cambio climático”.  Macron va un poco más allá al expresar al diario Le Monde que  “Necesitamos un choque en nuestros modos de producción”.

Lista de anuncios para mantener vivos los compromisos:

No era ni una conferencia de donantes ni una negociación diplomática, pero de la cumbre de París salió una lista de compromisos heterogénea —algunos ya conocidos, otros nuevos, ninguno verdaderamente decisivo en la aplicación de los compromisos internacionales— que debía enviar una doble señal. A los ciudadanos preocupados por el calentamiento global, que sus líderes se toman en serio la lucha contra el cambio climático. A los mercados: que la tecnología para combatir es una inversión de futuro. La idea de fondo: el cambio tecnológico que se avecina es imparable, y quien mejor se prepare tendrá más oportunidades para beneficiarse de él.

Uno de los anuncios más significativos en París es la decisión del Banco Mundial —copatrocinador de la reunión— de dejar de financiar a partir de 2019 proyectos de extracción de petróleo y gas. La medida es una señal fuerte a otras instituciones internacionales y países que, al mismo tiempo que proclaman la necesidad de abandonar las energías que emiten gases de efecto invernadero, siguen subvencionándolas.

Entidades financieras destacadas aprovecharon la cumbre para anunciar un giro hacia las llamadas ‘finanzas verdes’. La aseguradora francesa Axa, por ejemplo, retirará 2.500 millones de euros de empresas cuyos ingresos procedan, en más de un 30%, del carbón. El banco holandés ING calcula que en 2025 tendrá inversiones relacionadas con el carbón cercanas a cero.

Más anuncios institucionales: la Comisión Europea financiará con 9.000 millones de euros la lucha contra el cambio climático en ciudades sostenibles, energías limpias y agricultura sostenible.

La filantropía tuvo un papel central en la cumbre, en parte para compensar la decisión del presidente de EE UU, Donald Trump, de abandonar el acuerdo de París de 2015. La Fundación Bill y Melinda Gates destinará como mínimo 300 millones de dólares para la adaptación de la agricultura al cambio climático. Es una de las decenas de medias incluidas en el documento de doce puntos presentado por la presidencia francesa a modo de conclusión de la cumbre. No todas son cuantificables en términos económicos. Por ejemplos, una red de bancos centrales y autoridades financieras —entre ellas el Banco de Francia, de México, de China, de Inglaterra y de Alemania tendrán en cuenta la amenaza climática en su tarea de supervisión del sector. Y una coalición de fondos soberanos, dirigidos por Noruega y Francia, dirigirá sus inversiones hacia la acción climática.

Entre los anuncios de la cumbre figura asimismo la creación de un observatorio espacial para el clima que, apoyado por las agencias espaciales europeas y por China, India, Rusia, México y otros países, pondrá a disposición de los estados y los científicos datos para vigilar el planeta.

Estados Unidos estaría ausente del documento si no fuese por los filántropos y por el acuerdo de ocho Estados del oeste del país que anuncian un vago acuerdo para desarrollar el coche eléctrico.

Fuente: elpais.es