Con la próxima visita de la máxima autoridad de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, Jorge Mario Bergoglio, jefe del Estado teocrático más pequeño y a su vez de gran poder del mundo occidental, El Vaticano, la que tendrá un costo cercano para el Estado de Chile del orden de los 10 mil millones de pesos, se abrió nuevamente un debate que subyace en la vida republicana del país, ¿es Chile un Estado Laico?

Según los resultados del CENSO correctivo realizado el pasado 2017, la variable religiosa no fue medida, hecho que al país no se le permitió contar con datos fidedignos para trazar políticas públicas adecuadas a las cifras, o bien, no fue del interés por quienes realizaron la encuesta, o simplemente se obvio una pregunta fundamental para continuar de esta manera con las tradicionales políticas de planificación, subsidios tributarios y asignación de recursos a las iglesias. Pero lo que llama la atención, es que diversos estudios, entre ellos, los datos que se pueden observar de los últimos CENSOS, la población católica chilena ha disminuido considerablemente, notándose un aumento de personas representadas en las diversas instituciones evangélicas existentes en Chile o simplemente declarándose lejanos del mundo religioso.

En paralelo, diversas investigaciones realizadas por medios informativos, tal como señala CIPER, dejan al descubierto las millonarias cifras que recibe la Iglesia Católica sólo por concepto de la subvención estatal a colegios particulares, recibiendo solo en la región metropolitana la suma de 109.673 millones de pesos para el período 2013, o como lo destaca en su informe el Servicio de Impuestos Internos, SII, que dejó en evidencia que solo para el período 2015, ésta institución tuvo ingresos por más de 10 mil millones de pesos, la propiedad de casi 400 bienes raíces e incluso haber tenido el 15% de una de las mayores importadoras de autos en Chile, según consigna CNN.

Durante estos mismos años, el país también ha podido ir observando como los debates poco a poco han ido subiendo de tono en torno a la llamada agenda valórica, donde en muchos de los casos, las diversas iglesias han tomado férreas posiciones, que, en conjunto con algunos parlamentarios o líderes de opinión, todos ellos ligados al mundo más conservador de la vida nacional, han ejercido a partir de sus creencias, con declaraciones destempladas y poco prudentes, una fuerte presión a las autoridades del ejecutivo y el poder legislativo para detener proyectos de Ley que dicen relación a los derechos reproductivos de la mujer, el matrimonio igualitario, divorcio, como así también, manifestándose abiertamente en contra de una Ley de Educación gratuita.

Sin duda, que el Malleus Meleficarum, en versiones renovadas de pleno siglo XXI no ha tardado en manifestarse, siendo desempolvado con declaraciones o expresiones que se han salido de todo límite de la sana convivencia republicana, lanzando claras manifestaciones violentas a quienes no están de acuerdo con éstos, o han cuestionado las altas cifras que tendrá que pagar el país por la estadía de los tres días que el Jefe del Estado Vaticano se encontrará en Chile.

Por ello, en pleno siglo XXI, en plena construcción de una sociedad moderna, es necesario que el país explicite en su Constitución que Chile es un Estado Laico, y que éste en la práctica actué en coherencia brindando las garantías necesarias de los derechos de la libertad de conciencia, los derechos humanos, de la diversidad, de género, las libertades de cultos y creencias, que se garantice que el debate público se construya a partir de la razón y no por la imposición de motivos religiosos.

Y bien como lo decía nuestro G:.M:. Waldo López Belmar, un Chile que le garantice a los ciudadanos desde su edad más temprana una educación pluralista, con respeto a la diversidad, igualitaria y fraterna, y que en el uso de sus espacios públicos se observe de manera rigurosa las prácticas de un Estado Laico.

Por Rafael Reyes.