En la primera mitad de septiembre del presente año, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, recibió en el Palacio Eliseo, de las manos del Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, Jean-Philippe Hubsch, una estatuilla de la Mariana Jaques France de esta Orden, presente que el presidente del país galo agradeció y apreció sinceramente este gesto tan simbólico y significativo de la francmasonería francesa, ello en el marco de una reunión que reunió a las principales obediencias masónicas de este país.

Sin duda que el gesto pleno de simbolismo masónico realizado por el Gran Maestro del Gran Oriente de Francia (GODF) tiene especial relevancia para masonería liberal, ya que la Mariana Jaques France, es sin duda alguna, una representación que ocupa un lugar principal en todos los países que tienen como principios y valores la República, la que se construye bajo los pilares de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

De esta Mariana pueden identificarse dos tipos de representación femenina de inspiración mitológica, la Marianne masóna de Paul Lecreux, alias Jacques France (1879), que encarna la virtud y beneficencia, la fecundidad y la maternidad. Se transluce en la inspiración mitológica de Cibeles, diosa materna de la tierra, luciendo una corona de vegetales y los atributos del trabajo y la fecundidad, simbolizados en el haz de trigo. Ella encarna la beneficencia masónica, la paz entre hombres divididos, la masonería socorriendo a la humanidad o formas alegóricas de fe, esperanza y caridad.

Y una segunda representación femenina corresponde a la mujer militante y guerrera que lucha por la instauración de la República. Aparece bajo los rasgos de una mujer del pueblo llamada Marianne, vestida a lo antiguo con gorro frigio y pregona el ideal de libertad, igualdad y fraternidad. Antes de 1848, las primeras alegorías de la República se inspiran en la diosa Minerva, blandiendo una lanza en la mano derecha, una escuadra y un compás en la mano izquierda que sirvieron de inspiración a las actuales representaciones de la Marianne. En 1879 aparece la famosa Marianne masónica de Paul Lecreux, alias Jacques France, de la cual, la versión profana alcanzó gran éxito en los Ayuntamientos. Su gorro frigio nos recuerda el rito de emancipación en la República romana por el cual se cubría con un gorro al esclavo liberados.

El calificativo de Marianne, procede del Languedoc y de las comarcas del sudoeste. Desde fines de 1792 dicho calificativo se difundió mediante la interpretación de la canción occitana la Garisou de Marianne, escrita por Guillaume Lavabre. Por aquella época, este nombre plebeyo con resonancia marial (puesto que Ana es la madre de María), evocaba la República y su proceso revolucionario en tono casi jocoso. Esta representación iconográfica definitiva de la República y su apodo como Marianne se concretiza a mediados del siglo XIX. La adopción de la Marianne republicana como símbolo oficial viene a ser definitiva a comienzos de la Tercera República. Pueden distinguirse dos tipos de Marianne; primeramente, la de una representación sabia, maternal y estable, llevando una diadema solar o una corona vegetal, símbolos del trabajo y de la fecundidad. Pero también como una figura subversiva más desnuda, armada y plasmada en pose de combate, realzada por su gorro frigio. Prohibida durante mucho tiempo, logró finalmente imponerse. La francmasonería sirvió de inspiración a algunas de estas figuras y contribuyó a la difusión de su versión popular a partir de 1848. Desde entonces la masonería se presenta bajo una alegoría femenina, utilizando los mismos cánones.

Extractado de: Ludovic Marcos (Conservador del Museo de la Francmasonería del Gran Oriente de Francia), Museo de la francmasonería, Paris, 2001, pp. 24-27.

Fuente: GODF