La noticia del incendio de la Catedral de Notre Dam, en la ciudad de París, ha causado una gran conmoción y millones de expresiones de profundo pesar en el mundo. Las impactantes imágenes que profusamente ha circulado en los medios, han generado sin duda alguna, un sincero sentimiento de tristeza ante la perdida de un gran tesoro patrimonial de la humanidad.

Notre Dame es una de la catedrales góticas más antiguas y grandes del mundo, después de Colonia en Alemania y la de Milán en Italia, con un promedio de visitas de casi 13 millones de personas al año.

Para la francmasonería universal, sin duda, que el dolor aumenta, ya que este edificio construido entre 1163 y 1345 en la Île de la Cité, Notre Dame de París, ha sido una de las construcciones más emblemáticas de esta Institución, donde los masones medievales dejaron grabados los símbolos de la doctrina hermética en sus muros y ejercieron una gran influencia sobre otras obras de arquitectura civil y religiosa: en la rive droite, detrás del Louvre, la iglesia de Saint-Germain l’Auxerrois, que sorprende con sus aterradoras gárgolas y una sugerente escultura de María la Egipcia; poco más al este, la de Saint-Merri y la de Saint-Martin-des-Champs.

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