Chile no puede hacer esperar su presente y futuro, un país no puede vulnerar el derecho humano de la educación pública, gratuita, laica y de calidad, de una educación que garantice el desarrollo integral de sus mujeres, hombres, jóvenes, niños y niñas, el país no puede hipotecar su presente y el mañana que ya es hoy.

Chile requiere de una profunda transformación, donde el bien último de la educación no sea una mercancía o un bien de consumo, sino que, por el contrario, la educación debe recobrar su carácter de bien público y retomar su histórica misión de formador de ciudadanos para el desarrollo y bienestar del país.

Existe una falla estructural en uno de los pilares que sustenta la nación, la Educación, la que ha generado y promovido enormes distorsiones al interior de nuestra sociedad, en lo valórico y ético, y las enormes brechas de desigualdades las que aumentan y se evidencian año tras año, ya sea a través del Sistema de Medición de la Calidad en la Educación (SIMCE) o la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Desigualdades intergeneracionales y que ya se han convertido en un fenómeno endógeno en nuestro sistema.

Una Educación que solo obedece a una perspectiva mercantilista, orientada a producir y al logro material, “disciplinando” a quienes desarrollan un pensamiento crítico para poder “integrarlos” como eficaces instrumentos del aparato productivo, promoviendo la “competencia” por sobre la colaboración, sin duda, que está condenando a una sociedad deshumanizada.

Un país como el nuestro, no puede y no debe, suprimir el acto más sublime del ser humano, el pensar, y ramos tan importantes que contribuyen al desarrollo de los saberes y las relaciones humanas, como lo es la filosofía, la historia y educación cívica, deben ser parte esencial del curriculum de todos los jóvenes, niños y niñas de nuestro Chile.

Para la Franc-Masonería, institución que vela por el desarrollo del pensamiento libre, del espíritu crítico y los valores humanistas, la realidad de la Educación del país es uno de sus centros de mayor preocupación, motivo por el cual, no es extraño, que desde aquí se hace un llamado urgente a toda la sociedad, para velar y promover el derecho a la Educación Pública, Laica, Gratuita y de Calidad, en beneficio del presente y futuro de Chile, de los miles y miles de niños y niñas, quienes serán finalmente los que dirijan los destinos de la patria.

Por Rafael Reyes.