Hasta la primera traducción al castellano en 2010 de Eva en la Humanidad, su autora, Marie-Adélaïde Deraismes (1.828-1.894), ha sido en nuestro país prácticamente una desconocida en muchos espacios de reflexión feminista. Sin embargo, su obra merece un lugar destacado en cualquier biblioteca y/o programa de estudios de género, pues constituye un perspicaz ejercicio de cuestionamiento y desnormalización del orden social y simbólico que legitima la asimetría de poder en las relaciones entre los sexos. El gran aporte de Deraismes es la temprana “mirada de género” que proyecta sobre la realidad, la habilidad para comprender, explicar y denunciar la construcción social de la masculinidad y la feminidad como agente causal y a la vez producto (en un perverso juego de retroalimentación) del dominio masculino y la sumisión femenina.

La lectura de Eva en la Humanidad no deja indiferente a persona alguna (estudiosa o no del feminismo) que se aproxime al contenido de sus páginas. La riqueza y profundidad del pensamiento de su autora invita a la relectura, a la reflexión y a la admiración, no sólo debido al discurso preclaro, anticipado a su tiempo y al nuestro de esta extraordinaria mujer, sino debido también a que muchas de las desigualdades que ella denunció en el siglo XIX, persisten en el siglo XXI.

Marie Deraismes y George Martin

Sin extenderme en un prolijo retrato biográfico diré que María Deraismes vivió una existencia rompedora con el modelo de feminidad hegemónico de su tiempo (la angelical y excelsa dama romántica sin más vocación que embellecer con su encanto la vida del esposo y cuidar de sus hijos). En una época en el que las mujeres eran invisibles como sujetos intelectuales y políticos, Deraismes contra todo pronóstico, desarrolló como conferenciante y polemista una activa presencia en la vida pública parisina hasta convertirse en una prestigiada pensadora. Su celebridad fue tal, que al año de su fallecimiento (tuvo un entierro multitudinario), una calle de París se rebautizaría con su nombre, y cuatro años más tarde, una estatua en bronce acabaría inmortalizándola. Algunos hitos de su vida permiten entender por qué constituyó un pilar de la lucha feminista francesa y por qué tras su desaparición, la estatua erigida en su memoria, fue en ocasiones el lugar en el que concluyeron los desfiles de las sufragistas: Cofundadora del periódico Le Droit des Femmes en París y de la Société pour l´amelioration du sort des femmes); coorganizadora en 1878 del Congreso International de los Derechos de la Mujeres; fundadora en 1882 de la Liga Francesa por el Derecho de las Mujeres; copropietaria y codirectora del periódico El Republicano e impulsora en 1882 de la Liga Francesa por el Derecho de las Mujeres. Por si acaso toda esta actividad resultaba poco transgresora, se atrevió a atravesar un espacio tan poco transitado por las mujeres como era entonces el de La Masonería, y junto al exsenador y masón Dr. George Martin, revolucionó la estructura de la Francmasonería Universal, mediante la creación en 1893 de Le Droit Humain, una Obediencia Masónica Mixta. Todo un anatema entonces para el mundo masónico, en el que los antiguos landmarks (todavía hoy vigentes para muchas obediencias) prohibían tanto la iniciación de mujeres como la aceptación de mujeres iniciadas en los talleres masónicos.

¿Qué hace de Eva en la Humanidad una obra tan especial e indispensable? Eva en la Humanidad consiste en la selección y compilación efectuada en 1981 por la propia María Deraismes (ya anciana y muy enferma) de las conferencias y discursos que pronunció a lo largo de su vida. Se trata de su legado sobre letra impresa (siempre había preferido la palabra directa – el discurso – al papel) a las generaciones venideras. En esta obra, extraordinariamente crítica con el orden patriarcal, puede seguirse el rastro de sus preocupaciones (y sus propuestas): El voto femenino; la reforma de las leyes injustas, sobre todo las que guardaban relación con la familia; la ampliación y laicización de la educación femenina; la dignificación de la imagen de la mujer en la ficción, la inclusión de la mujer en la Masonería; la mejora de la situación de las mujeres proletarias; el drama social de la prostitución y la necesidad de su abolición.

Lo primero que sorprende (pero no lo que más) de la lectura de Eva en la Humanidad es la erudición de su autora. María Deraismes se nos revela una experta en diferentes culturas, religiones y mitologías. Es notable su conocimiento de Filosofía (ha estudiado a Leibniz, a Hobbes y sobre todo a los filósofos ingleses y alemanes del siglo XVIII), sabe de Ciencia, Política, Derecho Historia, Literatura, Crítica Literaria y se encuentra sobradamente al corriente de las novedades del teatro que le es contemporáneo. Con todo, lo más sorprendente no es su magna erudición, sino la impronta, el enfoque de dicha erudición. Lo más destacable de Eva en la Humanidad es el ángulo, la perspectiva desde la cual Deraismes analiza la Cultura, la Mitología, la Literatura, la Historia, la Política, etc. Ella utiliza todos esos saberes para hacer ver que la identidad colectiva masculina y la identidad colectiva femenina son identidades socialmente construidas y que entre ambas identidades existe una relación de desigualdad que “explica” la subordinación de la mujer al varón. Eva en la Humanidad es un desafiante recorrido transversal por las grandes producciones y realizaciones humanas, un recorrido en el que Deraismes pone patas arriba las “grandes verdades” que dominan las relaciones de género aún en nuestros días.

La herencia intelectual de Deraismes es de corte ilustrado, y por ello podemos conectarla en el pasado con pensadoras francesas del siglo XVIII, como Olympe de Gouges o la inglesa Mary Wolstonecraft, entre otras. Pero también podemos conectarla con grandes pensadoras posteriores: Deraismes se proyecta hacia adelante en el tiempo y su agudeza visionaria parece marcar el discurso feminista del siglo XX. Eva en la Humanidad se anticipa en bastantes aspectos a El Segundo Sexo de la también francesa Simone de Beauvoir, obra considerada por muchas y muchos, la “Biblia del Feminismo” contemporáneo. Es interesante señalar que bastante antes de que Simone de Beauvoir escribiese su célebre aseveración no se nace mujer: se llega a serlo, Deraismes ya había explicado que ese ser mujer es producto de la educación diferencial de los géneros, además de una construcción social conformada para garantizar el privilegio masculino:

“…la inferioridad de las mujeres no es un hecho de la naturaleza, es un invento humano, es decir, una ficción social (…) la inferioridad legal de la mujer no está basada en ninguna ley natural, sino que resulta de la intervención masculina y esta usurpación del poder tiene motivos arbitrarios (…) El género masculino se ha constituido en aristocracia (…) La mujer no es un ser auxiliar, subordinado; no es sólo un ser complementario, es un ser completo. Es la igual al hombre…”

La Socialización diferencial de hombres y mujeres y la asimetría de poder entre unos y otras, no es la única coincidencia que puede encontrarse entre la obra de Deraismes y de Beauvoir: Ambas comienzan sus respectivos libros de forma parecida, preguntándose sobre el principio femenino y sobre las causas de la subordinación de la mujer. Ambas explican el origen de dicha subordinación a partir de la menor fuerza física de la mujer, y a partir del mayor estatus que, precisamente, la superioridad física proporcionaba al hombre en la caza y la guerra. Ambas coinciden en percibir a la mujer como un ser encerrado en su maternidad (y en que es la sociedad la que las encierra). Ambas coinciden en que es contrario a la naturaleza de cualquier ser, de cualquier individuo, la constante disminución, y que la vida de la mujer, por razones socioculturales, consiste en una continua disminución y anulación. Y finalmente, ambas coinciden en que la mujer, hasta el momento, no se ha rebelado suficientemente contra la dominación masculina debido a la educación para la servidumbre que ha recibido.

Dije antes que la lectura de Eva en la Humanidad no deja (ni puede dejar) indiferente a nadie. Sus lectores y lectoras se sorprenderán de la racionalidad y profundidad de sus reflexiones y sobre todo de la valentía de su autora: Recuérdese que Eva en la Humanidad es una compilación de aquello que María Deraismes se atrevió a decir de viva voz y en alto, cara a cara con el público, en un momento histórico en el que las mujeres francesas, como en otros países, eran ciudadanas de segunda.

Finalmente, quisiera añadir que el orden de los capítulos que integran Eva en la Humanidad (un prefacio y once discursos) es cronológico y abarca más de veinte años de vida. Fue la propia Maria Deraismes quien les otorgó ese orden. Es cierto que los capítulos pueden ser leídos aleatoriamente sin ninguna dificultad de comprensión, pues Deraismes se encargó de convertirlos en unidades de sentido completo con entidad propia. Pero habida cuenta que son el fruto de la reflexión vital de su autora y de su interacción con la realidad social y política, serán las personas más ordenadas y metódicas las que, como siempre, obtendrán mayor provecho de la lectura, pues el orden cronológico escogido por Maria Deraismes les permitirá conocerla no sólo como pensadora sino también como persona, como sujeto biográfico y palpitante que a lo largo de años de lucha nos expresa sus ilusiones y decepciones, sus esperanzas y desengaños con propios y ajenos.

Por María VIEDMA GARCÍA.

DERAISMES, María  (2010):  Eva en la humanidad.  Madrid. Fundación María Deraismes (traducción de Manuela Garijo y prólogo de María Viedma)