La directora de la Fundación Daya, Ana María Gazmuri, suscribe esta columna de opinión en la que responde a los detractores del proyecto que busca legalizar el cultivo de marihuana con fines medicinales. Acerca del uso de cannabis y sus derivados con fines terapéuticos, dice que “los beneficios reportados por millones de pacientes en todo el mundo y el creciente avance de las regulaciones de cada vez más países, gatillan exponencialmente las investigaciones científicas y la implementación de mallas curriculares en universidades para formar médicos en el tema”. Por lo mismo, considera sorprendente el surgimiento de voces “negacionistas” en el debate del proyecto de Ley de Cultivo Seguro.

En el contexto de un expansivo crecimiento del uso medicinal del cannabis en Chile, sorprende el título de la columna publicada por CIPER: “Supuesto uso medicinal de cannabis” (vea aquí ese texto). Impacta aún más la bajada del título: “las razones por las que cada vez más científicos y médicos lo rechazan”. Ambas frases, así como el contenido de la columna, corresponden a un intento de crear realidad a partir del lenguaje, lo que se contrapone absolutamente a los hechos.

El uso medicinal del cannabis cuenta con la preferencia de alrededor de 2,5 millones de pacientes y sus médicos en Estados Unidos[1]. Otros 330 mil pacientes lo utilizan en Canadá[2], así como otras centenas de miles en los más de 40 países en los que se ha regulado su uso para fines médicos, tales como Alemania, Inglaterra, Israel, Australia y Dinamarca. Para hacerse cargo de esta creciente realidad, en las mallas curriculares de las carreras de medicina en importantes universidades del mundo[3][4] se están incorporando conocimientos sobre sistema endocannabinoide y la acción terapéutica de los cannabinoides.

Por otra parte, aumentan día a día dispensarios y clínicas especializadas en cannabis en países que han regulado, como ocurrió en Israel; el año 2018 se inauguraron 50 nuevos dispensarios, en los que los pacientes, con su prescripción médica, pueden acceder a flores de cannabis, aceites, extractos, macerados y cremas de uso tópico. O en Inglaterra, donde se inauguró este mes la primera clínica cannábica, orientada al manejo del dolor, condiciones neurológicas y psiquiátricas.

Resulta relevante también distinguir la forma en que se valida un producto farmacéutico para su “comercialización” respecto del potencial terapéutico de la sustancia original, ya que resultan ser dos cosas muy distintas, error en el que incurre el autor de la mencionada columna.

Efectivamente, para su comercialización, se requiere producir un compuesto y demostrar sus beneficios. Esto es así también en Chile para el cannabis, ya que hoy se lo trata de igual manera que cualquier otro nuevo producto farmacéutico que requiere pasar por sus fases de estudio correspondientes. Pero su potencial terapéutico no queda restringido al ámbito del desarrollo de formulaciones diversas, a partir de extractos estandarizados y de moléculas aisladas o sintéticas, hechas por la industria farmacéutica, la que se instala hace poco más de 100 años con la aparición de la farmacología moderna. El cannabis por milenios ha sido considerado una potente medicina herbal, cuyos usos terapéuticos se encuentran consignados desde una antigua farmacopea china, del año 2.737 A.C., pasando por textos islámicos, persas y griegos, tratados de Galeno y Paracelso, así como en medicinas tradicionales que persisten hasta hoy, como la medicina ayurvédica, originaria de India.

La larga historia del vínculo humano con esta planta y sus usos medicinales, fue interrumpida en la primera mitad del siglo XX. La presión de la élite y de grupos conservadores condujo a que el 12 de agosto de 1937, sin un debate público ni investigaciones científicas previas y con un discurso de Anslinger, director general del Buró Federal de Narcóticos,[5] cargado de prejuicios clasistas, elitistas y racistas, el Congreso norteamericano aprobara la Marihuana Tax Act, prohibiendo el consumo, posesión y comercio de cannabis a nivel federal. La American Medical Association, que asistió a la aprobación de esta ley, mostró su escepticismo sobre las informaciones y se opuso a la ilegalización de una sustancia usada terapéuticamente en aquel entonces.

Al levantarse estos últimos años la prohibición a la investigación con cannabis y cannabinoides que primó durante tantas décadas (solo se permitían estudios orientados a demostrar sus daños), ha aumentado exponencialmente la implementación de estudios clínicos con cannabis[6] en diferentes formatos para diversas patologías, síntomas y/o condiciones (un estudio clínico es una evaluación experimental de un producto, sustancia, medicamento, técnica diagnóstica o terapéutica que, en su aplicación a seres humanos, pretende valorar su eficacia y seguridad. Estos se realizan en seres humanos una vez que los estudios en laboratorio, que pueden ser en animales o no, arrojen resultados prometedores).

Solo en Israel, se iniciarán 60 nuevos estudios clínicos en 2019 y se preparan aún más en el resto del mundo. Desde Fundación Daya esperamos implementar tres nuevos estudios clínicos en Chile.

Día a día son más los médicos que se capacitan; todos los cursos que se imparten a médicos y otros profesionales de la salud se repletan[7], como ocurrió con el primero de ellos impartido en Chile con acreditivo académico, dictado por la Universidad de Santiago (Usach) y Fundación Daya en 2017, en el marco del convenio de colaboración científica y académica suscrita por ambas instituciones[8].

Lo mismo vemos en la masiva asistencia que han tenido las cuatro versiones del Seminario Internacional de Cannabis Medicinal de Santiago, organizado por Fundación Daya, patrocinado por la Universidad de Valparaíso, la Universidad de La Frontera, Universidad de Santiago de Chile y la Universidad Técnica Federico Santa María , y en su versión 2018, por el Senado de Chile. Médicos, científicos, organizaciones sociales y pacientes se dan cita en este encuentro anual, provenientes de 14 países, con una masiva concurrencia. Solo en los dos últimos años hemos capacitado a más de 200 médicos en Chile, además de 200 médicos argentinos. En nuestro centro de salud recibimos pacientes derivados de centros hospitalarios públicos y de clínicas privadas, para implementar con nuestros especialistas el tratamiento con cannabis en ellos indicados.

Lejos de disminuir, cada vez son más los médicos y científicos que se acercan al mundo del cannabis medicinal.

En Chile, la discusión sobre la legalización del cannabis medicinal se zanjó hace años: el ISP en su oficio Nº 1.014, del 1 de julio de 2015, en base a los resultados de su Comisión Técnica, refrendados por el Grupo de Trabajo del Ministerio de Salud, propone adecuaciones a la normativa vigente con el objeto de permitir el uso del cannabis y sus derivados para fines de investigación científica o clínica y en tratamientos médicos. El Estado chileno reconoce y legaliza el uso medicinal del cannabis[9] , mediante el decreto 84, que modifica los reglamentos 404 y 405 de Psicotrópicos y Estupefacientes, respectivamente. Por lo tanto, el cannabis medicinal es legal en Chile. Tanto es así que el ISP registró en 2017 un medicamento en base a cannabis, para lo cual el laboratorio fabricante presentó la evidencia de su efectividad y seguridad, logrando así autorizar su distribución en las farmacias del país.

Por otra parte, desde el año 2006 el cultivo personal como vía de acceso al uso terapéutico del cannabis está despenalizado en Chile, así como en Colombia, Jamaica, Holanda, España, Suiza y Australia del Sur; también está actualmente regulado en países como Canadá, Uruguay, República Checa, Bélgica, Camboya, Chipre, Austria y Dinamarca además de 19 estados de EEUU[10].

El proceso de producción artesanal de aceites y otros preparados terapéuticos en base al cannabis cultivado por los propios pacientes, es simple y seguro, al seguir protocolos ya probados por médicos y terapeutas; hoy ya pueden ser testeados por diversos laboratorios que entregan este servicio. Nada tienen que ver estos con lo que se puede encontrar en un extenso mercado negro de supuestos productos de cannabis, que pueden representar un riesgo sanitario para los pacientes, además de ser del todo ineficaces, al presentar escasa o nula presencia de cannabinoides. Frente a ésta situación los pacientes informados optan por la autogestión, siendo una alternativa eficiente, democrática y perteneciente al ámbito de la soberanía personal.

Esto es así, aunque no guste a quienes se mueven en un sistema que solo se nutre de la visión de la medicina industrial.

A partir de la propia biografía de los pacientes y sus positivos resultados con el uso del cannabis, se ha ido despertando el interés médico y científico, invirtiendo el paradigma clásico y volviendo a poner en su lugar la experiencia del paciente y la pericia médica, injustamente desplazadas, práctica liderada por las grandes farmacéuticas.

La Medicina Basada en la Evidencia (MBE) no se basa sólo en la información disponible en la literatura científica (las “pruebas disponibles”), sino que requiere necesariamente del juicio o pericia clínica para adecuar esa mejor evidencia externa disponible a la resolución de los problemas clínicos concretos de acuerdo a las características del paciente, sus preferencias y la disponibilidad de medios sin supremacías ni hegemonías de un elemento por sobre otro (ver diagrama siguiente).

Fuente: Fundación Daya.

Y esto es lo que ocurre en el caso del cannabis medicinal; existe evidencia disponible, contamos con la pericia de los médicos tratantes y la positiva experiencia de los pacientes, como pudo apreciarse en el concurrido conversatorio “La Voz de los Médicos que aplican Terapias basadas en Cannabis”[11], ocasión en la que también se dio a conocer el documento “Manifiesto de Apoyo a las Investigaciones con Cannabis y al Tratamiento con sus Derivados”[12], suscrito por cerca de 200 médicos, investigadores y otros profesionales de la salud.

El manifiesto destaca el avance en Chile de la Ley de Cultivo Seguro, la que busca resguardar el derecho ya existente a disponer de un tratamiento efectivo a partir de la autogestión, supervisada por médicos tratantes. Se enfatiza la urgencia por detener en nuestro país la persecución de usuarios de cannabis medicinal, ya que es un grave atentado a los derechos humanos el procesar penalmente a personas por cultivar cannabis para resolver un problema de salud. La voz de usuarios y sus médicos tratantes resulta imprescindible en una discusión que no puede ser capturada por el prohibicionismo ni por la gran industria farmacéutica.

Basta de querer tapar el sol con un dedo; el uso medicinal del cannabis ha llegado para quedarse, abriendo el camino a una medicina social humanizada, al servicio de las personas, fomentando la autonomía y soberanía personal en la gestión de la salud y el bienestar.

Fuente: CIPER.

Notas:

[1] https://www.mpp.org/issues/medical-marijuana/state-by-state-medical-marijuana-laws/medical-marijuana-patient-numbers/

[2] https://www.statista.com/statistics/603356/canadian-medical-marijuana-clients-registered-by-quarter/

[3] https://www.marketwatch.com/story/these-colleges-now-offer-courses-in-cannabis-2018-11-20

[4] https://www.a24.com/actualidad/el-cannabis-medicinal-llega-a-las-aulas-sera-una-materia-optativa-en-la-universidad-nacional-del-sur-08282018_r1PtLlXwX

[5] http://www.cannabisconsciente.com/historia-del-cannabis/

[6] https://www.cannabis-med.org/studies/study.php

[7] http://www.fundaciondaya.org/fundacion-daya-realiza-exitoso-curso-para-medicos-sobre-cannabis-medicinal/

[8] http://www.fundaciondaya.org/universidad-de-santiago-de-chile-firma-convenio-de-cooperacion-cientifica-y-academica-con-fundacion-daya/

[9] https://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=1085003

[10] https://news.sky.com/story/where-in-the-world-is-cannabis-legal-11409787

[11] http://www.fundaciondaya.org/conversatorio-reune-a-medicos-expertos-en-uso-medicinal-del-cannabis-con-comunidades-de-pacientes/

[12] http://www.fundaciondaya.org/wp-content/uploads/2019/03/Manifiesto-22-03-2019.pdf