Este martes 6 de agosto, el país celebra el Día Nacional de la Miel, fruto del trabajo incansable de las Anthophilas (las que aman las flores), las Abejas.

Existen serias evidencias que el consumo de miel se remonta a los 10.000 años a. de C. Hipócrates, considerado el padre de la medicina, la usaba para sanar diversas afecciones de la piel; los egipcios la utilizaban para curar heridas, quemaduras, embalsamar los cuerpos y como parte de los alimentos que el difunto llevaba en su viaje al más allá.

La miel, la gran fuente de energía, dependiendo de la variedad de las flores y del tipo de colmena, ofrece más de sesenta sustancias diferentes, destacándose los azúcares, los ácidos orgánicos cítrico, láctico, fosfórico, las vitaminas C, B1, B2, B3, B5, el ácido fólico, minerales como el fósforo, calcio, magnesio, silicio, hierro, manganeso, yodo, zinc, oro y plata, aminoácidos esenciales, enzimas, esteroles, fosfolipidos, falvonoides y polifenoles.

En Chile, la especie melífera fue introducida al país a mediados del siglo XIX desde Europa, y que, a diferencia de los otros países de la región, nuestra condición geográfica nos ha permitido la crianza y desarrollo de tener abejas melíferas puras, lo que nos ha permitido convertirnos en un gran exportador de material genético al mundo, 44.378 abejas reinas y 2.487 colmenas para polinización fueron exportados preferentemente a Canadá, Francia y México. Además, somos el único país del continente donde las abejas se encuentran libres de africanización. “Esta es una hibridación de abejas que resultó en abejas más agresivas. Estas se extendieron por todo el continente, menos en Chile, gracias a su característica de isla geográfica. Esto es una ventaja, ya que la genética de las abejas reinas chilenas asegura mansedumbre y mayor productividad”, dice Mario Gallardo, Mario Gallardo, experto apícola de la División de Protección Pecuaria, del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

No obstante, a nivel mundial existe una gran preocupación por la drástica disminución de la especie en el planeta, ello debido entre otros factores: el cambio climático, a la falta de agua, el uso de agroquímicos y pesticidas, ello si consideramos que las abejas son fundamentales para nuestros frágiles ecosistemas, al ser agentes polinizadoras de flora, frutales y diversas especies vegetales.

Muchas culturas han dotado a la abeja de una simbología: emblema de la resurrección, de la inmortalidad y un símbolo solar. Se le ha asociado con dioses, espíritus y con el inframundo. En el antiguo Egipto: La abeja significaba la realeza, para los Hindú, Kamadeva, el dios del amor que va acompañado de abejas melíferas, que simbolizan el dolor y la dulzura del amor, los griegos las abejas tenían un origen divino, era el símbolo de la obediencia y laboriosidad.

Según relata Plinio, las abejas se posaron sobre la boca de Platón cuando éste aún era un niño, otorgándole “la dulzura de su elocuencia”.

Sin duda, que proteger la especie es una responsabilidad de todos y todas.