Curros Enríquez, Santiago Casares o Pardo Bazán. Desde la fundación en 1727 de “La Matritense”, la primera logia en España, Galicia ha aportado masones de gran talla al mundo de las letras y la política. Muchos gallegos se iniciaron en las logias en la conocida etapa dorada de la masonería que abarcó los años finales del siglo XIX y los comienzos del siglo XX. Este año se cumplen cuatro décadas de la legalización de las logias en España y los logros alcanzados son discutidos.

Perseguidas en la zona sublevada, cuando acabó la guerra en la práctica la totalidad de las logias fue desmantelada. En 1940 Franco promulgó la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo y los años dorados que habían marcado el trascurso del siglo se disiparon. Ignacio Méndez-Trelles Díaz, fundador de la editorial Masónica.es, asegura que los cuarenta años de legalización no deben ser un motivo de celebración, pero sí el fin de la dictadura. Para Ignacio la legalización de la masonería es un paso más en el ejercicio de la libertad y es este hecho lo que la sociedad debería celebrar.
En este momento existen en Galicia entre 120 y 350 masones activos y en el territorio nacional entre 2.500 y 3.000. La dificultad en precisar la cantidad de masones se debe a la posibilidad que tienen los miembros de abandonar la comunidad de forma temporal por temas personales.

La masonería es un fin, pero no está planteada como sustituto de la familia o el trabajo. Al contrario, los masones consideran su función en la logia como una actividad a mayores y es común que muchas altas autoridades políticas abandonen la logia para dedicarse al servicio público.
En Galicia hay en este momento siete logias. La más reciente es la R.Logia Atanor, y la más antigua la R.L. Renacimiento nº 54.

Es bien sabido que durante la dictadura Cataluña fue un lugar de refugio para los masones por su proximidad con Francia. Menos lo es el papel que jugaron las regiones limítrofes con Portugal. En este sentido, el Instituto de Estudios Masónicos de Galicia (IEMG) está investigando los posibles vínculos del país luso con los masones de Galicia. Está documentado que en la región gallega muchos masones escaparon a Argentina, Cuba y Venezuela cuando el golpe militar y que fue en América Latina donde profundizaron su relación con las hermandades. En Portugal podría haber ocurrido un fenómeno similar. Galicia es una zona de gran tradición masónica de acuerdo a Pilar (Vigo, 1989), representante de Galicia en la Gran Logia Simbólica Española, sobre todo antes de la dictadura La Gran Logia de España es la más importante obediencia masónica en el territorio español y, pese a la creencia popular, el cuarenta por ciento de sus miembros es católico.

En Galicia los masones son diversos y no se rigen a un perfil determinado.
Hay variedad: desde graduados universitarios a médicos, pasando por amas de casa y abogados. En la Vigo la edad media se sitúa en 37 años, y en la comunidad en 47, tres años menos que la media nacional y veinte menos que en Reino Unido (cuna de la masonería). Los jóvenes masones son escasos y Ricardo Aldao, masón vigués y presidente del IEMG, explica que esto se debe al alto compromiso que exige pertenecer a una logia, como la asistencia obligatoria a las reuniones o tenidas.

A este requisito se le suma el hecho de que en Galicia exista mucho desconocimiento: “No hubo Guerra Civil y nada más ocurrir el alzamiento, la represión fue inmediata. Así que las generaciones más mayores miran la masonería con recelo mientras los jóvenes lo hacen con desconocimiento”, afirma Ricardo Yván Pozuelo Andrés, miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME), coincide en esta observación y niega que el escaso interés de los jóvenes se deba al pago de cuotas (ser económicamente autónomo es un requisito para ingresar en las logias), que no suelen ser altas. Alude sin embargo a la falta de interés en seguir una vía intelectual y espiritual basada en rituales. “Cuando tienes 20 años no estás pensado en cuestiones vitales, sino en sacar la carrera y buscar un trabajo”, afirma Pilar, quien defiende además que esta situación de desconocimiento es un mal menor en comparación con los prejuicios y la desinformación: “Es más fácil construir sobre esa ignorancia que sobre prejuicios y valoraciones que no se corresponden con la realidad”.

Para Ignacio Méndez-Trelles Díaz, fundador de la editorial Masónica.es, en una logia se entra por inquietud personal, con la expectativa de mejorar uno mismo y poder así ayudar a la sociedad a mejorar también. Las cifras de venta que arroja su editorial ilustran este fenómeno que afecta no solo a los jóvenes sino a los españoles de todas las edades. La editorial masónica.es ha publicado más de 350 libros que ven de a todo el mundo y cuyo mayor número de clientes se encuentra en América Latina y no en España. Además, la cifra de masones en Portugal duplica la de España y en Francia superan los 100.000 Galicia cuenta con una tradición masónica consolidada en comparación con Castilla, pero con una presencia discreta.
Hay tres logias mixtas y tres masculinas.

Según Pilar las logias gozan en nuestra comunidad de buena salud y hay varias solicitudes de ingreso lo que les da motivos para creer que en el futuro la situación mejorará.

Fuente: masonica.es (Faro de Vigo)