Anna Ezekiel, Historiadora de la filosofía, feminista y traductora. TRADUCCIÓN: Sofía Batko

Los historiadores de la filosofía han demostrado que la idea según la cual la filosofía fue una práctica mayoritariamente masculina se forjó en la Europa del siglo XIX. Hasta finales del siglo XVIII, las contribuciones filosóficas de mujeres gozaban frecuentemente de reconocimiento.

Durante mucho tiempo, la filosofía universitaria, occidental en particular, ha tenido la reputación de pertenecer exclusivamente al hombre blanco. Podemos observar, sin embargo, cómo, en los últimos años, ha surgido un interés por las producciones filosóficas de figuras femeninas históricas, así como por ciertas tradiciones que vienen de otras partes del mundo. El redescubrimiento de textos que habían sido ignorados por las corrientes dominantes ha ido dejando claro progresivamente que las mujeres siempre han escrito filosofía, incluso en aquellos lugares en los que sus trabajos podían verse obstaculizados, perderse, quedar olvidados, verse atribuidos a otros, no reconocidos o plagiados. Ahora, tanto estudios universitarios como artículos de opinión reclaman, por parte de la filosofía, que se reconozca que se han restringido las posibilidades del pensamiento y la búsqueda de verdades, en lugar de contribuir a su apertura, al haberse concentrado tradicionalmente en un grupo de pensadores, excluyendo así a muchos otros.

Mi área de especialidad ―la filosofía alemana de finales del siglo XVIII y del siglo XIX― resultaba hasta hace poco particularmente desoladora en lo que concierne a la existencia de mujeres filósofas. Hasta hace poco eran todavía comunes las afirmaciones del tipo “no hubo mujeres que escribieron filosofía en aquella época en Alemania”. Teniendo en cuenta que estamos hablando de uno de los siglos de oro de la filosofía occidental ―el período de Kant, Hegel y Schopenhauer y, más tarde, Marx y Nietzsche― la ausencia aparente de un pensamiento filosófico femenino durante este período contribuye a la idea general según la cual las mujeres no participaron, al menos hasta una época muy reciente, en los desarrollos más importantes de la filosofía. Las únicas mujeres filósofas que una podía esperar estudiar en la carrera de Filosofía eran figuras activas durante el s. XX, como Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y Philippa Foot entre las principales.

Las únicas mujeres filósofas que una podía esperar estudiar en la carrera de Filosofía eran figuras activas durante el s. XX, como Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y Philippa Foot.

No obstante, los historiadores de la filosofía han demostrado que la idea según la cual la filosofía fue una práctica mayoritariamente masculina se forjó en la Europa del siglo XIX. Hasta finales del siglo XVIII, las contribuciones filosóficas de mujeres gozaban frecuentemente de reconocimiento y los registros contabilizan alrededor de un centenar de mujeres filósofas. No fue hasta finales del siglo XIX cuando empezaron a ser excluidas de nuestra memoria filosófica.

El desafío a la narrativa de una historia de la filosofía puramente dominada por los hombres se empezó a formular a principios de los años 80 y tuvo importantes repercusiones en nuestra comprensión del primer período de la modernidad. Una atención particular dirigida a los trabajos de Émilie du Châtelet, Margaret Cavendish, Elizabeth de Bohemia, Mary Astell, Ann Conway y Catharine Macaulay, entre muchas otras, demostró lo original de las ideas de estas pensadoras así como la influencia que ejercieron sobre numerosos filósofos célebres. Se cuentan también muchos progresos en la recuperación y el estudio del trabajo de mujeres feministas o proto-feministas en Europa y las Américas, desde la primera modernidad, pasando por el siglo XIX hasta principios del siglo XX. Además, solo ahora comenzamos a tomar conciencia de la originalidad e influencia de pensadoras y oradoras marxistas como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, así como del papel crucial que tuvieron algunas mujeres como Edith Stein, Gerda Walther y Hedwig Conrad-Martius en el desarrollo de la fenomenología más temprana.

A pesar de este progreso, existen relativamente pocas becas dedicadas al estudio de la filosofía de pensadoras de habla alemana de la época de Kant o Hegel. Si miramos detenidamente lo que ocurre más allá de los relatos tradicionales de la historia de las ideas, nos encontramos con un vacío en el campo de la literatura secundaria y con una ausencia de reconocimiento de las ideas de estas pensadoras por parte de sus coetáneos. Sería esta, pues, la razón ―y no una ausencia de fuentes filosóficas primarias de pensadoras de aquella época― que explicaría la falta de estudios en este campo. Incluso durante lo que se puede considerar como el tiempo menos floreciente de la filosofía femenina, no faltan textos filosóficos escritos por mujeres. Las mujeres escribieron y publicaron libros, ensayos y folletos, así como obras de literatura, poesía, teatro, cartas y diarios, en los que abordaban una gran variedad de cuestiones filosóficas. El pensamiento de estas mujeres en materia de metafísica, organización social, política, ética, estética y otras muchas temáticas, está ante nosotros, esperando a ser leído, interpretado y puesto a dialogar con los trabajos de aquellos filósofos que ya conocemos bien.

Aunque sus escritos se situaron por fuera de la corriente dominante y, con frecuencia, se trataba de escritos no universitarios, las mujeres de finales del s. XVIII y del XIX trataban las mismas cuestiones filosóficas que sus coetáneos.

Aunque sus escritos se situaron por fuera de la corriente dominante y, con frecuencia, se trataba de escritos no universitarios, las mujeres de finales del siglo XVIII y del XIX trataban las mismas cuestiones filosóficas que sus coetáneos. A menudo aportaron una perspectiva diferente a estas cuestiones, ya fuera a causa de su posición social de mujer o simplemente como individuos singulares cuyos puntos de vista no fueron tomados en cuenta con la misma atención que recibieron los escritos de los más prominentes filósofos. Por ejemplo, Dorothea Veit-Schlegel (1764-1839) criticó, en su novela Florentin, la concepción de la identidad de los pensadores alemanes del romanticismo, poniendo de relieve las diferencias que surgen del contexto social para hombres y mujeres.

Karoline von Günderrode (1780-1806) escribió bajo la influencia del primer romanticismo alemán y de Schelling y, sin embargo, rechazó la metafísica dualista así como sus implicaciones de género. Asimismo, desarrolló una serie de modelos únicos de la identidad y de la amistad, así como explicaciones panpsíquicas de la existencia, con las que fue capaz de abordar la posibilidad de una forma alterada pero continua de conciencia después de la muerte. Bettine Brentano von Arnim (1785-1859), amiga de Günderrode, publicó una versión editada de su correspondencia. Günderrode se posiciona en contra de la tradición filosófica de Kant y Schelling, que consideraba como sobre-intelectualizada, y en su lugar, defiende la prioridad filosófica de la naturaleza y el cuerpo: “Mi abrigo se balanceó por la ventana, y dejé todo el desorden atrás, esa es mi manera de pensar” escribe, y añade: “Para estar segura, al final no sabré nada, lo cual admito con gusto, pero seré consciente de ello”.

Las mujeres contribuyeron con frecuencia al desarrollo de las ideas de algunos de los más conocidos filósofos. Caroline Schlegel-Schelling, quien trabajó en las publicaciones de ambos, August Schlegel y Schelling, es un buen ejemplo de este fenómeno, así como Dorothea Veit-Schlegel, que trabajó para Friedrich Schlegel, el hermano de August. Al mismo tiempo, Maria von Herbert, en su poco conocida correspondencia con Kant, desafiaba la ética kantiana en relación a varios puntos, incluyendo lo que Herbert señalaba como su incapacidad en cuanto a la posibilidad de abordar la desolación ajena, así como la aparente dependencia del valor moral de la existencia de una adecuación de las inclinaciones que compiten entre sí. De esta correspondencia surgieron algunas de las reflexiones de “La doctrina de la virtud”, en La fundamentación de la metafísica de las costumbres.

Otras de las escritoras de este período fueron alabadas por su intelecto o por sus logros literarios, sin que esto condujese a un estudio de sus ideas filosóficas. Los coetáneos de Rahel Varnhagen (1771-1833) la describieron como una persona de “espíritu filosófico” que entendía “las más profundas oscuridades de la naturaleza”. Su amplia correspondencia presenta una continua reflexión sobre las dinámicas del lenguaje y el pensamiento, pasando por numerosas temáticas que incluyen la cuestión de la identidad, la amistad, el matrimonio y la sociabilidad. Por el contrario, encontramos pocos análisis de su filosofía, y en cambio, las discusiones se centran en sus tertulias, su biografía, su conversión al cristianismo y sus conflictos con su identidad judía.

Además de las pocas menciones a las pensadoras que encontramos en las historiografías filosóficas, cabe señalar lo difícil que resulta entender la importancia de un texto ―y transmitirla en el marco de la enseñanza― cuando no se dispone de análisis previos en la materia.

e igual manera, Theresa Huber-Forster (1764-1829) ocupa una posición central en la literatura histórica alemana, en base a sus novelas, relatos cortos y escritos de viaje. Sin embargo, sus ensayos y centenares de cartas han gozado de poco reconocimiento por parte de los filósofos. Estas últimas incluyen no solo noticias personales, sino también consideraciones políticas, históricas, relativas a las relaciones de género, el matrimonio y la pedagogía. Otras mujeres de la época, como Susanne von Bandemer, Benedikte Naubert, Philippine Engelhard, Amalia Holst, Henriette Herz, Meta Forkel-Liebeskind, Lucie Domeier (también conocida como Esther Gad), Sophie Mereau, Caroline de la Motte Fouqué, Karoline von Woltmann y Helmina von Chézy gozan de reconocimiento en el campo de la novela, la poesía, la traducción o el teatro. Se las considera miembros clave de la escena social e intelectual del momento. No obstante, se ha prestado poca o ninguna atención a sus contribuciones filosóficas.

Estamos apenas empezando a reconstruir el pensamiento filosófico de estas y otras muchas figuras de la historia de la escritura femenina. Está claro que nos hemos perdido mucho ―sin ser conscientes de lo que nos estábamos perdiendo―. Además de las pocas menciones a las pensadoras mujeres que encontramos en las historiografías filosóficas, cabe señalar lo difícil que resulta entender la importancia de un texto ―y transmitirla en el marco de la enseñanza― cuando no se dispone de análisis previos en la materia. Como escribe Eileen O’Neil:

“Determinar el valor filosófico de un texto requiere entender en primer lugar el contexto de escritura, sus objetivos filosóficos, sus estrategias argumentativas, etc. Hace falta la implicación de muchos universitarios, trabajando duro durante un cierto tiempo, antes de poder interpretar correctamente, y por consiguiente poder evaluar, la significación filosófica de un texto”.

Por suerte, actualmente, numerosos universitarios trabajan con el objetivo de desenterrar los argumentos y perspectivas fascinantes de estas pensadoras olvidadas. En trabajos ulteriores desarrollaré las contribuciones filosóficas de Günderrode, Brentano von Arnmin, Veit-Schlegel, y otras pensadoras ignoradas de la tradición germánica, así como los numerosos esfuerzos que se llevan a cabo actualmente para recuperar sus reflexiones.

― Publicamos la traducción del artículo “Discovering the Women at the Heart of Philosophy” con el permiso de The Genealogies of Modernity Project. El GenMod Project es una iniciativa que explora la estructura de la modernidad, las diversas formas en que surgió, y cómo pensar en otras posibles modernidades. El sitio presenta artículos de una amplia variedad de disciplinas y perspectivas. Se puede seguir el proyecto en Twitter, Instagram y Facebook. Las personas que integran el proyecto expresan a El Rumor de las Multitudes su entusiasmo por compartir este artículo.

Sobre la autora

Anna Ezekiel es historiadora de la filosofía, feminista y traductora. Es especialista en el pensamiento alemán post-kantiano. Ha traducido los trabajos de Karoline von Günderrode, disponibles en inglés [Poetic Fragments (SUNY Press, 2016) y Philosophical Fragments (a la espera de publicación)]. Ha traducido también los textos de ocho mujeres filósofas, que serán publicados en el volumen Women Philosophers of the Long Nineteenth Century: The German Tradition, editado por Kirsten Gjesdal y Dalia Nassar.

Fuente: elsaltodiario.com