Sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida, los países no lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de niños, jóvenes y adultos.

“En el pico de la pandemia, las escuelas llegaron incluso a estar cerradas para el 91% de los educandos, es decir, 1.500 millones de alumnos y estudiantes. Con ello, todo el mundo pudo constatar que la educación era un bien público mundial; que la escuela no solo era un lugar de aprendizaje, sino también un lugar de bienestar, protección, nutrición y emancipación”. Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO

Carlita es una niña de ojos grandes, que expresan su esperanza de llegar a ser una profesional que, con su trabajo en el futuro, pueda ayudar a su familia. Este año estuvo a punto de no poder matricularse en primero básico, después de haber enfrentado vicisitudes para completar la primaria.

Ella forma parte de la generación Covid-19, porque tuvo que adaptarse a continuar su aprendizaje en casa, valiéndose de un celular y completando sus tareas con la ayuda de su prima y, con grandes esfuerzos, logró entregar el portafolio de las tareas para completar el año escolar. No volvió a recibir clases con su maestra o a jugar con sus compañeras, esos días en la escuela quedaron atrás y le dejaron un sentimiento de añoranza.

Toda la niñez y la juventud de esta generación tiene derecho a una educación de calidad, que les anime a seguir aprendiendo durante toda su vida y los forme en ciudadanía, con los conocimientos que requieren para la vida, pensamiento crítico y valores para discernir adecuadamente y poder contribuir al desarrollo de sus comunidades, de la sociedad y del mundo. Se trata de la generación que se formará para afrontar la incertidumbre, el cambio climático y los desafíos de la revolución tecnológica.

El Día Internacional de la Educación, que celebramos el 24 de enero, busca destacar el papel que una educación de calidad, inclusiva y equitativa desempeña en la paz y el desarrollo. Pero este año celebramos en el contexto de la pandemia de Covid-19, que provocó una interrupción del aprendizaje global de una escala y una gravedad sin precedentes. El cierre de escuelas y universidades ha afectado la vida de 1,600 millones de estudiantes, en más de 190 países. A pesar de que los gobiernos de todo el mundo actuaron rápidamente, para ofrecer soluciones alternativas de distintos tipos, se calcula que al menos un tercio de los estudiantes del mundo no han podido acceder al aprendizaje a distancia, poniendo a toda una generación en el riesgo de no acceder a la educación.

“Hoy en día, la situación sigue siendo inquietante: 24 millones de estudiantes, incluidos millones de niñas para las que la escuela es un refugio seguro, tal vez nunca encuentren el camino de regreso a las aulas, además de los 258 millones de niños y adolescentes que ya antes de la crisis no asistían a la escuela” Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO.

Los sistemas educativos enfrentan el desafío de reabrir las escuelas de manera segura e inclusiva. Serán necesarias medidas de recuperación para remediar la pérdida del aprendizaje, especialmente de los alumnos que carecen de los medios para seguir las clases a distancia o que no tienen un entorno apropiado para aprender en sus hogares. En 2020 se ha podido constatar que la educación a distancia no sustituye la interacción presencial entre docentes y alumnos, pero también que esta solución no ha llegado a todos los estudiantes. También existe un alto riesgo de que las familias que se enfrentan a mayores estrecheces retiren a sus hijos de la escuela, para lo cual los países tendrán que diseñar y aplicar estrategias de rematriculación, que incluyan campañas nacionales e incentivos destinados a alentar a los alumnos a volver a la escuela. También se podrán proporcionar soluciones de educación alternativa, de calidad y muy flexibles, para llegar a los alumnos que no hayan podido volver a la escuela.

Así también, las escuelas necesitarán acondicionar los espacios para poder funcionar de acuerdo con los protocolos de salud, como el distanciamiento físico, y será necesario contar con infraestructuras y suministros que permitan asegurar niveles básicos de higiene, como instalaciones de agua, saneamiento e higiene, de las que carece un alto porcentaje de las escuelas.

Esta crisis, vista desde otra perspectiva, ha arrojado luz sobre la centralidad de la educación para todas las sociedades, como un bien público común y la base de la cohesión social, el bienestar y las oportunidades. Al mismo tiempo, la pandemia ha sido una llamada de atención para hacer que los sistemas educativos sean más resilientes ante las crisis y más inclusivos, flexibles y sostenibles. Ha demostrado la capacidad de los sistemas para innovar, ampliando las fronteras de las posibilidades de aprendizaje.

Fuente: UNESCO Artículo por, Lucía Verdugo, Oficial Nacional de Educación. (24/01/21)