Un 20 de septiembre del año 1870 caen derrotadas las fuerzas del Vaticano por el Reino de Italia, y con ello, se pone punto final al denominado “Derecho Divino” bajo el cual se habían mantenido regímenes políticos en este país de Europa.  

Desde esa fecha hasta hoy, se considera este día como el fin del dogmatismo y el comienzo de la era de la razón y la libertad de conciencia, la legitima manifestación del derecho humano no teniendo por ello que ser rechazado, discriminado o perseguido. Lo que no obstante, a pesar  de estar establecido en los Artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que dicen:   

Art. 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Art. 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Podemos constatar que en pleno siglo XXI continua existiendo la persecución política, religiosa, el terrorismo, el fanatismo y la censura, que afecta a una buena parte de la sociedad global.    En este marco, la Franc-masonería, promotora de la libertad de conciencia y el librepensamiento, adhiere a la defensa irrestricta del uso de la razón y la libertad de conciencia.