Tenemos un problema. Este año el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático entregó la primera parte de su último informe AR6 Climate Change 2021. En resumen, caminamos a paso firme hacia las predicciones de los modelos climáticos más catastróficos.

Pero, partamos por el principio: el cambio climático está ocurriendo y es causado, principalmente, por la quema de combustibles fósiles utilizados para generar la energía que sustenta el nivel tecnológico de la civilización actual. Punto.

La evidencia es irrefutable. No hay debate, ni suspicacias, ni errores, ni conspiraciones. De la misma manera, también es irrefutable que el clima terrestre siempre ha cambiado (y cambiará), de forma lenta, cíclica, y en periodos largos de miles o cientos de miles de años (salvo por eventos puntuales catastróficos).

Las razones para estos cambios son diversas y van desde variaciones en el brillo solar, el cambio en los parámetros orbitales de la Tierra debido a la interacción con planetas masivos del Sistema Solar, y la acción de fuerzas geológicas e internas (océanos, masas de hielo, atmósfera). Sin embargo, alrededor del 97% de las publicaciones científicas que estudian la existencia y causas del cambio climático actual coinciden en lo fundamental: es real y su origen es antrópico.

El problema es tan grande y complejo, que sería imposible explicarlo en este breve espacio, pero algunas ideas generales pueden revelar la magnitud del problema. El sistema climático es el producto de la interacción de varios sistemas planetarios (atmósfera, hidrósfera, criósfera, litósfera y biósfera), íntimamente relacionados entre sí. Alteraciones aparentemente pequeñas en algunos de sus componentes pueden generar cambios no lineales en el sistema, cambios abruptos de gran magnitud en un periodo muy corto de tiempo respecto de la escala geológica del planeta.

Por ejemplo, la concentración atmosférica de CO2, principal agente causante del actual aumento de la temperatura global, es solo del 0.04%. Es ese 0.04% el que estamos incrementando con el uso de combustibles fósiles, y el que gatilla un sinnúmero de efectos no lineales que han llevado al planeta a aumentar su temperatura en 1.1ºC por sobre el promedio de temperatura de la época preindustrial, y la que probablemente superará la barrera de los 2ºC hacia 2050.

La solución a este problema es compleja. Las consecuencias dramáticas. Peor aún, existen limitantes físicas que hacen que el mero cambio a energías renovables no sea suficiente para solucionarlo.

“La era de la procastinación, de las medias tintas, de la conveniencia tranquilizadora y desconcertante de las demoras, está llegando a su fin. En su lugar estamos entrando en un periodo de consecuencias”, habría dicho Winston Churchill en 1936 cuando la II Guerra Mundial asomaba.
Ahora nos encontramos en el mismo predicamento; quizás deberíamos haber escuchado con mayor atención.

Por: Dr. Pablo García, Astrónomo y profesor extraordinario Instituto de Astronomía Universidad Católica del Norte